"La represión exclusiva no acabará con la violencia"

Por Marta Sandoval para elPeriódico

Claude Wild, experto en temas de seguridad y en mantenimiento de paz.

Estuvo en Guatemala para el foro internacional de Interpeace. En esta entrevista comparte su visión sobre Guatemala. Actualmente es jefe de la División de Seguridad Humana en el Departamento Federal Suizo de Asuntos Exteriores, participó en dos operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas en Namibia y el Sáhara Occidental.

Salimos de la guerra, pero ahora, en tiempos de paz, tenemos más violencia. ¿Cómo se explica eso?
Ustedes tuvieron que salir de la guerra mientras que al mismo tiempo tuvieron que enfrentar el ambiente violento que se vivía en la región. En Guatemala hubo 36 años de conflicto, otros países de Centroamérica no lo tuvieron y sin embargo tienen el mismo problema de violencia. Es algo que trasciende a la región, no es simplemente un problema guatemalteco de no poder reconstruirse a sí mismo y a su sociedad después de la guerra. El reto es más grande. ¿Dónde comenzar? Yo estoy seguro de una cosa: la forma de trabajar debe ser integradora. El Estado por sí solo no puede. Los políticos con planes que hacen en sus oficinas son necesarios, pero no son suficientes. Se requiere la participación de la industria y de la sociedad civil para que trabajen todos juntos, porque el problema es global e invade todas las dimensiones de la vida social.

Cuando dice todos, ¿quiénes más deben participar? 
También deberían jugar un papel las asociaciones que ya existen, como los clubes de deporte, que pueden ser un modelo para los jóvenes, o la Iglesia, que es una institución que se mantiene estable en el tiempo. Todas estas fuerzas dentro del país tienen que encontrar una forma institucionalizada para trabajar en conjunto. Por lo que he visto y he estudiado, hay esfuerzos aislados tratando de implementar políticas parciales. Quizá el hecho de haber tenido 36 años de guerra ha separado a muchos socios del tejido social, probablemente un proceso verdadero de reconciliación en paralelo a los esfuerzo para combatir la violencia, podría ser el cimiento para construir la unión de todos esos mundos guatemaltecos.   Un proceso de paz duradera necesita ver hacia atrás y enfrentar el pasado para poder avanzar en la reconciliación. Lo importante es tener confianza en los compañeros de otros grupos, en la sociedad civil, en el Estado, en la Policía, y una vez que se haya recuperado la confianza se tiene la oportunidad de enfrentar ese problema de la profunda violencia.

En Guatemala los policías privados son muchos más que los estatales. Los ciudadanos se ven forzados a pagar por su propia seguridad. ¿Puede esto debilitar a nuestro Estado? 
Los policías privados son instrumentos legítimos de protección, la gente invierte para protegerse, pero esta protección obviamente no está teniendo efecto en prevenir que surja más violencia, es un instrumento que sirve para desviar la violencia nada más y eso no es suficiente. Lo que se necesita es un instrumento que verdaderamente pueda combatir la violencia.

El Estado puede enviar sus policías en una forma represiva a buscar a los delincuentes; la policía privada no tiene esa tarea, ellos son pasivos. Solo desviar la violencia sin atacar sus causas no soluciona el problema de la criminalidad. Lo que deberían pensar los guatemaltecos es si la tienda que está pagando a la policía privada para protegerse está también invirtiendo en organizaciones que combaten las causas, las raíces del problema, si aporta a prevención, a programas de juventud o solo se defiende. Valdría la pena ponerlo a prueba, que los empresarios no gasten dinero solo en su protección si no también en prevención. Esta sería una manera inteligente de combatir las cusas, de otra forma solo están financiando el negocio de la policía privada y hay que recordar que ellos viven de la violencia. Mientras más violencia, más ricos serán los empresarios de policía privada. Es un medicamento que nos hace sentirnos bien un rato, pero no va a curar la enfermedad.

El Presidente ha hablado de despenalizar las drogas, ¿qué piensa de eso? 

En Suiza teníamos un fuerte problema con drogas. La delincuencia estaba asociada con el consumo de drogas porque tenían un alto precio y los adictos se veían forzados a cometer crímenes o incluso a prostituirse para poder pagar su dosis de droga. Nosotros llegamos a la conclusión de que la represión exclusiva no nos traería resultados. Los precios son altos, el mercado está aquí y si se le ataca por un lado simplemente cambia de espacio. Si haces una acción policiaca represiva aquí, el mercado se pasa a otro lado, eso ya lo hemos vivido, por eso se tomó la decisión de actuar de forma diferente.

Fue entonces cuando dejamos de tratar a los adictos como delincuentes y empezamos a tratarlos como personas enfermas. El Estado comenzó a entregarles las drogas de forma legal. Iban a un sitio a recibir metadona y así no tenían que delinquir, y las tasas de delincuencia efectivamente disminuyeron. Además, el mercado para esas drogas fracasó, lo vencimos. No es perfecto pero cambió la situación. Por eso yo entiendo las declaraciones de su Presidente, porque obviamente está buscando nuevas formas de combatir el crimen. Sé que hay personas que dirían que esto es una locura, como también lo dijeron en su momento de Suiza, pero con la legalización se pueden eliminar muchos problemas.

Hay que recordar que Guatemala es un punto complicado. Si quieren pasar la droga hacia los Estados Unidos, tienen que pasar por acá. Guatemala está amenazada por ser paso, y sea cual sea la política que tomen, siempre y cuando haya una gran producción de droga en Sudamérica y un mercado en Norteamérica, Guatemala será tocada.

Entonces deberíamos trabajar como región… 

Se necesitan esfuerzos coordinados en cada país y esfuerzos coordinados en la región. En un área tan pequeña como Centroamérica es evidente que si no hay un esfuerzo coordinado dentro de la región, un país aislado va a tener resultados parciales, pero si hay un plan grande solo hecho entre políticos no será suficiente. Se requiere un plan nacional, uno regional y la voluntad política de ejecutarlo a nivel nacional y regional. ¿Cómo se puede medir la voluntad política? No se trata solo de hacer declaraciones y ofertas, se trata también de tener presupuesto, ¿cuánto dinero invierte cada país en sus mejores recursos, que es la juventud, es el futuro? La juventud es Guatemala de hoy, casi el 60 por ciento, y van a ser el futuro de la región.

Si se quiere medir la voluntad política vean el presupuesto nacional. Cuánto invierten en represión, en salud, y cuánto en juventud. Y cuánto va en prevención. Hay que tener una buena mezcla entre prevención y represión a fin de alcanzar, en primer lugar, con la represión asustar a los violentos y con la prevención evitar criminales futuros. Pero a nivel de política internacional es difícil obtener recursos para el área preventiva. Si hay un terremoto, o una gran catástrofe, la gente manda dinero para salvar vidas, pero es más complicado que envíen para prevención. Es más difícil conseguir dinero para evitar que se rompa, que para reparar algo que ya se rompió.

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