"Despenalizar a jóvenes ayuda"

Jan Pronk, político y exfuncionario de las Naciones Unidas, participó en un reciente Foro Regional sobre Violencia y Desafíos a la Paz en el Triángulo Norte de Centroamérica, desarrollado con el auspicio de la organización Interpeace.

POR BYRON ROLANDO VÁSQUEZ PARA PRENSA LIBRE
Explica que la idea de despenalizar y rehabilitar a los jóvenes surge porque son los dirigentes del crimen organizado y el narcotráfico quienes los manipulan e instrumentalizan.

¿Cuál es su diagnóstico sobre Guatemala?
En mi país —Holanda— fui ministro, y a través de ello conocí Guatemala por medio de la Unión Europea, y de alguna manera estuve en contacto durante el conflicto armado interno y también durante el proceso de paz, un proceso que todavía no se ha completado. Ustedes, hoy día, tienen tantas víctimas como tenían antes, pero en una situación de un conflicto diferente. No se trata en este caso de un conflicto político, sino de uno causado por un desigual desarrollo económico, el enorme desempleo y mucha pobreza. Además, la nación se ve afectada por la mundialización de la delincuencia.

¿Está el país a tiempo de revertir su situación?
Ustedes han podido tratar los problemas de los años setenta y ochenta. Ahora enfrentan un nuevo problema —violencia—, cuyos efectos se pueden restringir. El problema de las drogas no es exclusivo de Guatemala, ni siquiera es un problema centroamericano. Es un problema mundial, y ese tipo de situaciones exige decisiones de políticas distintas que deben ser tomadas por toda la comunidad internacional. Interpeace no habla de la legalización de las drogas, pero sí de la despenalización de los jóvenes a quienes se acusa de esos problemas. Es necesaria la despenalización de esos jóvenes, a quienes es necesario ver como víctimas y no como los culpables de los crímenes. Los culpables son los que ganan muchísimo dinero y dejan que sean otros los que hagan el trabajo sucio que les produce toda esa ganancia. Actualmente se realiza un debate internacional sobre el tema —despenalización de las drogas—, y los presidentes centroamericanos tienen una función qué desempeñar en ese debate.

Usted habla de delincuencia como un efecto de la desigualdad. ¿Qué recomienda?
Solo le puedo dar una respuesta general, pero con la claridad de que son los mismos guatemaltecos quienes lo deben hacer. En primer lugar, reducir la pobreza, crear perspectivas dentro de la familia de que las cosas pueden mejorar, ofrecer una educación que estéíntimamente vinculada con el empleo y, por consiguiente, que no tengan la delincuencia como única alternativa. Que los adolescentes no tengan que decirle sí a las maras por carecer de oportunidades. En segundo término, no creo que uno pueda reducir la violencia con un mecanismo violento de choque por parte del Estado, porque este es provocador, y al hacer esto, muchos países han alimentado el conflicto. Mi tercera respuesta es desarrollar nexos comunitarios muy fuertes, para que las personas se sientan protegidas por esa red comunitaria. Estos son enfoques y no soluciones. Permitir la creación de pequeños negocios y darles capacitación vocacional a los jóvenes, para que sepan que cuando van a la escuela es para que después puedan desarrollar sus aptitudes, porque se les está enseñando un oficio que después les va a procurar ingresos y a dar una satisfacción personal.

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