Proyecto de Resiliencia

Resiliencia y construcción de paz

Durante los últimos años, en algunos ámbitos internacionales se ha generado un creciente interés sobre las fuentes de fragilidad y resiliencia en contextos de Estados frágiles y afectados por conflictos. Este interés introduce un cambio significativo en la forma de ver los conflictos y la conflictividad, que va de enfocarse en los factores generadores del conflicto a buscar cuáles son las capacidades de los grupos sociales para hacer frente a los mismos, es decir, lo que permite a las sociedades, las comunidades e instituciones ser capaces de anticipar los riesgos, resolver problemas de forma colaborativa y no violenta, responder creativamente a los conflictos y crisis, y dirigir el cambio social de manera que transformen las bases estructurales de los conflictos en beneficio de la paz y el desarrollo.

Icons_interpeace-01En ese sentido, la construcción de paz encuentra puntos de intersección con el debate acerca de las capacidades de los grupos sociales para hacer frente a los retos que le impone la fragilidad del Estado y la sociedad. Uno de esos puntos es considerar que la paz, más que ser un punto de llegada que se define automáticamente con el fin de un conflicto armado, es un proceso de largo plazo que tiene como objetivo constante el fortalecimiento de las capacidades sociales para transformar los conflictos de forma no violenta.

La forma en que se entiende el conflicto es fundamental para definir el tipo de acción que el cambio social requiere. Al respecto, Interpeace persigue establecer una diferencia analítica entre conflictividad y conflictos. En el primer caso, se hace alusión a factores de tipo estructural y de larga duración que, a lo largo del tiempo, reproducen las condiciones negativas que se expresan en diversos fenómenos tales como la polarización social, la desconfianza entre las personas, la violencia y la falta de legitimidad de las instituciones públicas. Los conflictos, entonces, son las expresiones concretas y diversas que constantemente se generan entre los diferentes actores sociales y que, en algunos casos, derivan en violencia. Los conflictos varían a través del tiempo en cuanto a sus causas inmediatas, pero subyacen en ellos causas estructurales que, no resueltas, agudizan constantemente las relaciones sociales entre los grupos y entre éstos y el Estado.

La construcción de la paz, como marco de referencia para la acción orientada al cambio social, considera fundamental la transformación de los conflictos para orientar las fuerzas sociales hacia objetivos comunes destinados a superar los obstáculos para una convivencia pacífica. Esto implica identificar, además de los factores que producen los conflictos, las capacidades de los grupos sociales y las instituciones para hacerles frente.

 

La perspectiva de Resiliencia propone una estrategia analítica que considere los siguientes aspectos clave:

  • Acciones (respuestas) de los grupos sociales frente a los problemas prioritarios en su
  • Articulación de las acciones en función de su contribución a la generación o detrimento del capital social y de la cohesión
  • Identificación de las capacidades existentes en los grupos sociales de las cuales depende el tipo de acciones que éstos

Las acciones implementadas frente a los problemas identificados por los grupos sociales requieren ser situadas en sus contextos específicos, ya que de esta manera se podrá entender la influencia que los entornos sociales, culturales y económicos tienen en las capacidades resilientes de un determinado grupo social. Desde una perspectiva de construcción de paz, es en los contextos sociales en donde se observa el capital social y los conflictos latentes en el grupo social, los cuales son dimensiones necesarias para observar el nivel de cohesión social existente. Se entiende por capital social: “la coherencia social y cultural interna de la sociedad, las normas y valores que rigen las interacciones entre las personas y las instituciones en las cuales están incrustados. El capital social es el pegamento que mantiene unidas a las sociedades y sin el cual no puede haber crecimiento económico o bienestar humano”. Desde esta perspectiva, sociedades con capital social fuerte y con ausencia de conflictos latentes refieren a capacidades de resiliencia que tienden a sobreponerse o enfrentar problemas sin necesidad de recurrir a la violencia. En otros casos, en donde existe debilidad en materia de capital social y conflictos latentes, entonces, recurrir a la violencia contribuye al detrimento de la cohesión social y, consecuentemente, al aumento de los conflictos sociales.

El capital social y los conflictos se observan tanto en un nivel vertical como horizontal. El nivel vertical se produce en la articulación e intercambio de capacidades entre los grupos de la sociedad y el Estado, mediadas a través de las instituciones y normas (linking). El nivel horizontal se produce por las relaciones en (bonding) y entre (bridging) los grupos de una sociedad en diferentes ámbitos, como la familia, grupos religiosos, organizaciones civiles y políticas, grupos comerciales y otras formas de organización basadas en condiciones de género o etnia, entre otras. Para entender mejor el papel que acciones y niveles de articulación juegan en el proceso de construcción de paz, el esquema analítico adoptado por el proyecto Marcos de Análisis para Resiliencia parte del supuesto de que el desarrollo y la articulación de las acciones implementadas frente a los problemas pueden ser analizados a partir de las capacidades existentes en los grupos sociales. La relación problemas-acciones- capacidades implica reconocer que su existencia no necesariamente implica que éstas siempre contribuyen a una mejor cohesión social. Esta relación, en ciertos contextos específicos, puede llegar a funcionar en detrimento de condiciones de cohesión social ideales para superar la fragilidad del Estado y la sociedad.

De acuerdo con el debate conceptual en torno a la noción de resiliencia, estas capacidades pueden ser de absorción, adaptación y transformación. En términos generales, la capacidad de absorción implica considerar que las respuestas a los problemas permiten que el problema persista de tal manera que los grupos sociales introducen a sus dinámicas el problema; la capacidad de adaptación permite convivir con el problema incorporando aspectos del mismo para poder “lidiar” con él; y la capacidad de transformación que implica cambiar o transformar el problema al cual se enfrenta el grupo social. En conclusión, frente a la necesidad de comprender los aportes de la noción de resiliencia a la perspectiva de construcción de paz, los siguientes elementos resultan relevantes:

  • Comprender la resiliencia como un sistema complejo que supone múltiples capacidades de respuesta, condicionadas por la interacción entre actores y estructuras en un determinado
  • Estas capacidades de respuesta pueden ser por la vía de (o la conjunción de): absorción, adaptación y/o transformación.
  • Estas respuestas pueden impactar y se generan en uno o varios niveles de la estructura social (individual, familiar, comunitario, regional,  nacional).
  • Las acciones (respuestas) pueden ser negativas o positivas en relación a las dinámicas de conflicto en un determinado contexto (local y nacional).
  • La dimensión temporal de las respuestas, su duración, contribuye a identificar su efectividad para la transformación, base fundamental de la construcción de
  • El contexto y las condiciones coyunturales contribuyen a considerar los aspectos estructurales frente a los cuales se desarrollan capacidades de resiliencia; en otras palabras, resiliencia a qué.

El cambio de enfoque que supone la perspectiva de resiliencia –que significa no sólo considerar los déficits o problemas, sino tomar en cuenta las capacidades que individuos, grupos, familias, comunidades e instituciones poseen, y las diferentes relaciones que establecen– ofrece nuevas posibilidades para abordar los retos a la construcción de la paz.