El deporte, una herramienta para la paz

6 abril, 2017

El deporte no se limita a la práctica de una actividad física, en cambio es un espacio recreativo donde se fomenta un estilo de vida saludable, a través del desarrollo físico y mental de las personas. Es un lugar donde confluyen individuos que pueden desarrollar habilidades sociales, fortalecer valores y adaptarse a reglas. Lo anterior convierte al deporte en una herramienta eficaz para la promoción de la paz y el desarrollo.

Es por esto que la Asamblea General de las Naciones Unidas establece el 6 de abril como el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz, con el objetivo de reconocer la importancia de promover una sociedad pacífica y estilos de vida sanos que relacionen el deporte con la cultura y la educación y la protección de la dignidad humana sin discriminación alguna.

Al mismo tiempo, la capacidad de convocatoria masiva del deporte lo convierte en un fenómeno social, y el contexto en donde este se desarrolla, es determinante para definir los comportamientos que adquieren sus seguidores, en especial cuando se trata de la juventud. En ese sentido, será el contexto el que defina si un espectáculo deportivo contribuye a la paz o la violencia.

El fútbol, un fenómeno global

El fútbol es el deporte que convoca el mayor número de personas alrededor del mundo, y es practicado en más de 270 países. Lo masivo de su convocatoria (de la cual se derivan, además de los aficionados y jugadores, grandes inversiones privadas, intereses políticos y un complejo entramado de relaciones entre distintos niveles de la sociedad) hace que no se limite estrictamente al ámbito de lo deportivo y se convierta en un fenómeno social. Sin embargo, el lugar que el fútbol ocupa y los impactos que produce dependen del contexto social general y del contenido que la propia sociedad le confiere.

En torno al fútbol los aficionados se organizan en barras deportivas que tienen como objetivo seguir y alentar a su equipo. Las barras son un lugar de encuentro de los seguidores, donde además de representar su gusto por un equipo de fútbol, ellos encuentran identidad, fraternidad y compañerismo. Pero estos sentimientos, llevados al extremo, pueden hacer que la pasión, euforia e incondicionalidad se convierta en vandalismo.

El vandalismo relacionado con el fútbol ha sido un fenómeno recurrente alrededor del mundo. Por ejemplo, en Europa, desde 1960 comienzan a surgir las primeras manifestaciones de vandalismo entre los seguidores de equipos de fútbol en especial en países como Inglaterra, Italia, Holanda, Alemania y España. Otros países de Latinoamérica como Argentina, México, Colombia, Honduras y El Salvador, también han experimentado estas expresiones violentas en torno al deporte.

No obstante, en sociedades en donde existen mecanismos institucionales y sociales capaces de reducir los factores de riesgo que favorecen la violencia, esta violencia incipiente relacionada con el fútbol, pueden nacer y morir en el espacio físico del estadio, por el contrario, en sociedades donde no existen dichos mecanismos, aquella violencia que comenzó por la natural rivalidad entre los seguidores de dos equipos de fútbol, puede trascender los límites del estadio y convertirse en un problema social.

Este es el caso de Honduras, uno de los países más pobres de América Latina y, al mismo tiempo, uno de los más violentos del mundo de acuerdo al número de homicidios registrados anualmente. La permanente debilidad de las instituciones públicas hondureñas es el resultado de un histórico desinterés por parte de sus élites económicas y políticas por contar con un Estado que garantizara un orden social favorable al desarrollo, la democracia y el crecimiento económico. Toda la sociedad está inmersa en estas problemáticas y debe convivir con ello, pero sin duda la juventud es una de las principales víctimas.

En ese contexto de fragilidad institucional, desigualdad, altos índices de pobreza, corrupción e impunidad, el fútbol, es un evento que despierta la ilusión y esperanza de la sociedad hondureña. El fútbol es una pausa de 90 minutos de felicidad en medio de décadas de anomia.

Barras deportivas en Honduras

Las barras deportivas en Honduras son grupos de jóvenes aficionados a un equipo local de fútbol que transitaron de la rivalidad natural entre sus equipos a enfrentamientos violentos en las calles. La violencia entre las barras evolucionó de peleas y golpes en los estadios a abiertos enfrentamientos armados en sus comunidades. Además, las propias características del contexto social y los niveles de organización que fueron adquiriendo, los condujeron a asumir roles de protección social de sus miembros. Entre las barras deportivas más populares se encuentran la “Ultra Fiel”, del Club Olimpia; los “Revolucionarios”, del Club Motagua; la “Mega Barra”, del Club Real España y la “Furia Verde”, del Club Maratón. Ser miembro de una barra en Honduras es un asunto de identidad, forma de vida y búsqueda de espacios de cohesión que, de otra manera, no es posible encontrar.

En un contexto de marginalidad y exclusión, las agrupaciones juveniles (pandillas, maras, barras deportivas y escolares, grupos de rock u otras formas de agrupación juvenil) representan un mecanismo de cohesión, identidad y solidaridad que se fortalece y radicaliza debido, por un lado, a la excesiva violencia ejercida por otras formas de asociación e integración social (escuela y familia) y, por otro, a la acción represiva de agentes del Estado (policía).

Las barras se integran mayoritariamente por jóvenes provenientes de barrios y comunidades pobres y marginales en donde la falta de servicios públicos básicos, como educación, salud y recreación, se combinan con altos niveles de desempleo y migración. Estos son entornos sociales en donde la violencia forma parte estructural de las relaciones sociales, ya sea a nivel intrafamiliar e individual o bien como estrategia para la generación de ingresos a través de actividades ilícitas. Este contexto se agrava debido a los efectos producidos por el narcotráfico, el tráfico de armas y de personas.

Barras por la paz

Con el apoyo de la Fundación Berghof, en 2014 Interpeace implementó “Protagonismo juvenil en Honduras: barras deportivas por la paz”. El proyecto contribuyó a construir una percepción positiva de las barras como actores relevantes para la construcción de la paz en Honduras. Para alcanzar este objetivo, se implementó un programa de formación en temas como transformación de conflictos, cultura de paz y mediación con jóvenes integrantes de ambas barras, con el objetivo de que los jóvenes participantes contaran con las herramientas necesarias para convertirse en agentes de cambio a favor de la no violencia y la paz en el país.

En 2016, en asocio con Free Press Unlimited y los medios de comunicación: El Faro, Plaza Pública y Nómada, Interpeace comienza a implementar “Periodismo, Juventud y deporte por la paz”. En Honduras, los medios de comunicación dedican gran parte de su tiempo y espacio a la divulgación de mensajes negativos acerca de las barras deportivas, lo cual genera gran estigmatización hacia los seguidores de los equipos de fútbol: pertenecer a una barra deportiva, en estos contextos, es sinónimo de criminalidad y violencia. La consecuencia que esto produce son mayores niveles exclusión que, a su vez, contribuye a los ciclos de violencia.

Para contrarrestar lo anterior, el proyecto tiene como objetivo reducir los efectos negativos de la estigmatización y criminalización que sufren los jóvenes barristas, en particular derivadas de la información divulgada por los medios de comunicación y las instituciones de gobierno. Se busca que sean ellos mismos, desde el interior de sus barras, quienes influyan en la sociedad hondureña para cambiar las percepciones que se tiene de ellos, reducir la estigmatización y, a su vez, la violencia.

El proyecto provee de capacitaciones y apoyo técnico para que los jóvenes barristas desarrollen sus propios medios de comunicación digital, en donde ellos sean productores y protagonistas de nuevas narrativas que incidan positivamente en medios comunicación, líderes de opinión, políticos, sociedad civil y sector privado. Con ello, se pretende establecer canales de comunicación entre los distintos niveles de la sociedad para comprender mejor y de manera conjunta el fenómeno de la violencia, sus causas y contribuir con ello en la transformación de la percepción que tiene el público de la juventud marginalizada.

“Cuando algo malo pasa, los medios siempre dicen que son las barras, pero nunca cuentan las cosas buenas que hacemos día a día”

“La credibilidad para contar las cosas es el principal valor que debemos preservar para reducir la estigmatización que hay sobre la barra”

Según percepciones y experiencias que los propios participantes del proyecto han transmitido, es muy importante reconocer cuán necesario es para los jóvenes contar con una fuente de identidad. En ese sentido, el deporte puede ser motivo de inspiración para la juventud, portador de valores positivos como la tolerancia a la diferencia, el compañerismo, el trabajo en equipo, la capacidad de verse, en su relación con los otros, ya no como enemigos, sino tan solo como rivales.

Ello permitirá que se concreten las palabras del exsecretario general de las naciones unidas Ban Ki-moon: “El deporte promueve la salud y el bienestar. Fomenta la tolerancia, la comprensión mutua y la paz. … Faculta, inspira y une.”